La verdad que llevo una temporada con poca actividad en el blog, no es por falta de ganas, sino de tiempo, demasiados frentes abiertos que me están haciendo priorizar, por tanto pido perdón a los lectores de este blog por no llevar el ritmo que suelo llevar.
Este post viene enfocado a la toma de decisiones de una empresa, sea la que sea la empresa y la decisión.
Una toma de decisión no es una burda tarea diaria, las decisiones siempre conllevan consecuencias, en algunos casos consecuencias económicas, en otros casos consecuencias en el equipo y en otros casos en las ventas, pero toda decisión tiene su respuesta, la máxima acción – reacción está latente en las empresas en el día a día.
En ocasiones cuando pides explicaciones por la toma de una decisión te escuchas frases del estilo. “Es que yo creo que es mejor así“, una vez que esa persona ha acabado su argumentación sobre sus creencias solo cabe preguntarle
¿existen datos históricos que amparen tu decisión?
En ese mismo momento es cuando le acabas de destrozar sus creencias, cuando su dios en forma de decisión cae, cuando no dispone de explicación básica y elemental para contrastar tu sencilla pregunta.
Toda decisión puede tener, e incluso es bueno que tenga, Romanticismo. Las personas que toman decisiones se diferencia por el porcentaje de romanticismo con lo que salazonan sus decisiones. Los hay que su ingrediente principal es el Romanticismo, dejando los datos empíricos de lado, en este sentido suelen tener decisiones erróneas, que no digo que en otras ocasiones no se acierte, pero si los datos no acompañan… Los hay de lado opuesto que sus “elaboradas decisiones” no tienen Romanticismo, en estos casos pierden un poco la sal de la vida, el poder añadir ese ingrediente de diferenciación en las decisiones. A mi parecer en el equilibrio está la virtud, lo difícil, lo verdaderamente difícil, es encontrar ese equilibrio, para mi ahí radica la diferencia entre un directivo y otro.
Los datos son la base de las decisiones, es decir, si durante 10 años el 14 de Febrero ha llovido, y ese día tenemos un evento para una empresa MUY importante con gran capacidad mediática:
Totalmente Romántico: “Yo creo que no lloverá y hago el banquete al exterior porque el jardín es muy bonito”.
Nada Romántico: “Seguro que llueve, y aunque el jardín es bonito lo haremos en los salones de dentro”:
El equilibrio: “Es probable que llueva, vamos a preparar los salones de dentro y los jardines”
En el primer caso nos la jugamos si llueve el cliente saldrá desencantado, en el segundo caso al cliente no le damos versatilidad, lo dejamos “a medias”. En el tercer caso podemos llegar a sorprender al cliente en el caso que no llueva y pueda hacer su banquete en el exterior, en caso de deber hacerlo dentro no será por nosotros sino por el clima.
El cliente en los dos primeros casos no habrá sido sorprendido, en el tercer caso su sorpresa y alegría será mayúscula, siendo lo más probable que nos recomiende.
Con este simple ejemplo he querido relatar mis explicaciones sobre la toma de decisiones, por un lado están los “YO CREO” sin ampararse en datos históricos, por el otro lado “SEGURO QUE” amparado en datos históricos únicamente y en tercer caso, el que yo abogo, “ES PROBABLE QUE” buscando la mejor solución amparado en datos históricos y con esa “dosis” de romanticismo y de tratar de sorprender haciendo las cosas diferentes.
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Siguiendo de lo que he oído de los emprendedores me viene a la cabeza que se hacen emprendedores para poder trabajar por cuenta propia y obtener unos rendimientos basados en tu propio trabajo pero resulta que tras años de no conseguirlo siguen trabajando de esta forma, no descansando, sabiendo que afectan a la familia, afectan a sus amigos, a su salud, básicamente a todo lo que les rodea, pero se vanaglorian de ello…. Para ir por ese camino es más inteligente, a mi parecer, trabajar para otros dado que al menos 2 días a la semana descansas, tienes vacaciones aunque sean pocas, tienes más o menos garantizado el sueldo y sobre todo, el riesgo es de otro y no del emprendedor.




